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	<title>Letras Peregrinas &#187; Palabras</title>
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		<title>Palabras IV &#8211; Conformismo</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Feb 2008 19:31:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agatha</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Y te piensas que sales a flote despues de tanto nadar. Nadar, nadar, nadar, es lo único que haces para surgir de las profundidades del abismo y cuando al fin llegas arriba una mano negra y pesada empuja tu cabeza hasta el fondo. No puedes luchar, no importa lo bien que sepas nadar. La maldita [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Y te piensas que sales a flote despues de tanto nadar. Nadar, nadar, nadar, es lo único que haces para surgir de las profundidades del abismo y cuando al fin llegas arriba una mano negra y pesada empuja tu cabeza hasta el fondo.</p>
<p>No puedes luchar, no importa lo bien que sepas nadar. La maldita mano se encapricha contigo y se divierte con tus espasmódicos movimientos, disfruta sintiendo como intentas zafarte de su abrazo mortífero. Sientes la presión en el cuerpo, la falta de aire en los pulmones y la impotencia es la única sensación que te queda en el baúl. No hay salida, sabes que sucúmbirás por mucho que lo intentes y es entonces cuando relajas tus músculos y dejas que la costumbre se apodere de ti.</p>
<p>Sólo te queda esperar hundido a que el reloj marque el segundo final.</p>
<p><em>© Agatha (2008) </em></p>
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		<title>Palabras III &#8211; Rutina</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Nov 2007 09:12:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agatha</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Rutina: 8:00 am – Suena el despertador. Mi mano intenta a ciegas dar en el blanco y detener ese chirriante sonido que no me deja en paz. Abro los ojos a la fuerza y me incorporo sólo lo suficiente como para apagar el despertador. Miro al techo mientras mi cuerpo se prepara para levantarse de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="postbody"><em><strong>Rutina:</strong></em></span></p>
<p>8:00 am – <em>Suena el despertador. </em></p>
<p>Mi mano intenta a ciegas dar en el blanco y detener ese chirriante sonido que no me deja en paz. Abro los ojos a la fuerza y me incorporo sólo lo suficiente como para apagar el despertador. Miro al techo mientras mi cuerpo se prepara para levantarse de la cama y desprenderse del calorcito que se esconde bajo las sábanas. Es una mañana de otoño, como todas las demás. Llueve al otro lado de la ventana y el clima ya no es dulce como lo fue en verano.</p>
<p>Mi blanco techo me deja la mente del mismo color, intento prolongar los “cinco minutos más” y me acurruco entre la mullida manta. Pero mis cinco minutos se acaban y debo salir de mi acolchada crisálida para comenzar el día. Menuda mariposa soy: despeinada, con cara de espanto, un par de grises ojeras bajo los verdes ojos y esa maldita espinilla que siempre aparece en el peor momento. Mejor no seguir mirando que me gasto.</p>
<p>8:30 am –<em> Tomo una ducha. </em><br />
<span id="more-43"></span><br />
<span class="postbody"><br />
Para comenzar las actividades diarias nada mejor que despojarse de los malos sueños con una ducha tibia. El resbalar del agua va despertando cada parte de mi ser de una forma tan sutil que ya no es tan desagradable tener que levantarse tan temprano. ¿De qué color es el agua? Me pregunto, y comienzo a divagar entre mis pensamientos matutinos, como todos los días. El agua es azul, asi aprendí a pintarla cuando era pequeña, cuando llenaba de azul las hojas de papel y decía que eran pedacitos de mar. Pero lo que yo no sabía era que el agua también podia ser negra, negra y misteriosa, tan negra que parece un enorme vacío imposible de llenar, es así como se ve el mar en las noches sin luna, inmenso, tétrico y capaz de engullirlo todo sin dejar rastro. Cuantas cosas distintas puede hacernos sentir la misma cosa.</span></p>
<p>9:00 am –<em> Preparo el desayuno. </em></p>
<p>Cereal con leche. Es mi desayuno habitual. Miro por la ventana y la lluvia es ahora más fuerte. Caliento la leche para recuperar un poco el calor que dejé bajo las mantas y desayuno con calma, en la cama, observándolo dormir. ¡Qué suerte tiene! No tiene que levantarse temprano. Tiene un sueño profundo, aún no se ha despertado, no nota mi ausencia en la cama. Una vez termino el desayuno, lavo los platos y me dispongo a salir de casa. Un beso al aire te deja el último aliento de mi presencia. Cierro la puerta sin decir adiós.</p>
<p>9:30am – <em>Me voy al trabajo.</em></p>
<p>Me resulta odioso conducir con esta lluvia, pero ya estoy acostumbrada, todos los días es así. Pongo la radio para que me acompañe un poco y tarareo mis canciones favoritas mientras sigo tras una fila de coches, todos igual de sosos, hasta llegar al trabajo. Busco donde aparcar y mi torpeza habitual para estos menesteres me hace perder diez minutos entre maniobra y maniobra para lograr dejar mi coche aparcado en un puestecillo que conseguí libre de casualidad. Él tal vez habría terminado en un par de minutos, pero yo aún no me acostumbro, siento que los demás coches se me suben encima y no me dejan moverme.</p>
<p>10:10 am – <em>Llego al trabajo. </em></p>
<p>Tras la reprimenda por los diez minutos de retraso me siento en mi mesa, un escritorio como el de los otros cien empleados que trabajan en la empresa y comienzo mi labor, tediosa y desmotivante de llamar por teléfono a una infinidad de personas para venderles cosas que nadie necesita. Uno tras otro discurren los “posibles clientes”. Tras unas 15 llamadas encuentro a alguien medianamente interesado en lo que digo y me deja terminar mi discurso aprendido. El trabajo es el trabajo dicen y todo trabajo es bueno, pero yo no opino lo mismo, mucho menos luego de tener que oir todos los insultos y malas palabras que me dicen quienes están al otro lado del teléfono. Ya pronto se acerca la hora del almuerzo.</p>
<p>1:30 pm – <em>Hora de comer. </em></p>
<p>Tengo apenas una hora para descansar la oreja. Cada día que pasa odio más este trabajo, cada día que pasa me asusto un poco más. Me asusto porque con el tiempo me hago más monótona y aunque odio lo que hago, cada día me acostumbro un poco más a ello, asi que mientras más tiempo pasa menos ímpetu tengo para cambiar. Como cualquier tontería de la cafetería de la empresa y busco un lugar donde sentarme un rato. Observo a la gente y me doy cuenta de que nadie mira a nadie, cada quien vive en su mundo y nada más les importa. Actúan como máquinas. Se levantan, se duchan, desayunan, se van al trabajo sin siquiera despedirse de quienes aman y luego se pasan la vida tras un escritorio frio y monótono, haciendo una tarea que, ni les gusta, ni satisface sus necesidades mínimas de reconocimiento y de realización personal. Luego dicen que no hay más nada que hacer, levantan los hombros y con gesto apesadumbrado y cara de hastío se levantan de sus incómodas sillas para echarse un bocado de pan a la boca. Quisiera tener el valor de gritar y largarme, de renunciar y de correr a casa a llenar de besos a mi amor, de pasar la noche haciendo el amor y riendo, de amanecer sin pensar en el día siguiente. Me siento atada. ¿qué puedo hacer? Eso lo responderé en otro momento, ahora tengo que volver al trabajo.</p>
<p>2:35 pm – <em>Vuelvo a la oficina.<br />
</em></p>
<p>Robotizada, me dirijo nuevamente a mi escritorio, descuego el teléfono y comienzo de nuevo la labor. Pienso en mandarle un mensaje, me pregunto qué estará haciendo, pero mejor lo dejo para después, ya hablaremos al llegar a casa.</p>
<p>8:00 pm – <em>Regreso a casa. </em></p>
<p>Se me hizo tarde de nuevo, otra vez me tocó hacer horas extras. Pongo música en el coche y me voy a casa. Hay algo de tráfico asi que llegaré aún más tarde. Tengo ganas de verlo. Esta tarde mientras comía vi a un par de chicos besándose mientras hacían la cola de la cafeteria y me acordé del tiempo que hace desde que él y yo no hacemos eso. Apenas nos hablamos cuando estamos en casa, estamos muy cansados del trabajo y no quedan ganas de nada más que de dormir, pero hoy tal vez sea diferente.</p>
<p>8:45 pm – <em>Llego a casa. </em></p>
<p>¡Al fin en casa! Me asomo para saludarlo y él me responde desde la ducha. Pienso en sorprenderle, tal vez me desnude y me meta en la ducha con él, seguro le agrada la sorpresa. Pero debo hacer la cena asi que cambio los planes y me voy a la cocina. Cuando sale del baño me ayuda a poner la mesa y nos sentamos a comer frente al televisor. Apenas intercambiamos palabras, hablamos del trabajo, del clima y de la cena del sábado. Recogemos la mesa y lavo los platos.</p>
<p>10:30 pm – <em>Voy a la cama. </em></p>
<p>Tuve un día muy pesado, como todos los otros días. Llego a la cama y él ya está allí, leyendo un nuevo libro que le recomendó un amigo. Yo hago lo mismo, tomo el libro de turno y leo unas cuantas páginas antes de que me venza el sueño. Entonces, cansada, cierro el libro y me acurruco en la manta. Me acerco a él y le deseo buenas noches. Un tímido beso es lo ultimo que recibo antes de que se duerma.</p>
<p>Me siento mal y no se por que. Quisiera que las cosas fueran de otra manera, que todos los días fueran diferentes, que las noches no fueran sólo para dormir y que él y yo siguieramos como hace diez años, como recién casados. Pero no es así y lo peor de todo no es eso, sino que somos nosotros mismos los que, con cada pequeño gesto, con cada “después lo hago” y con esa manía de no mirarnos a los ojos y sonreir, los que hemos cavado poco a poco el hueco donde estamos metidos.</p>
<p>¿hasta cuándo podremos aguantar?</p>
<p>No lo se, mis ojos ya se cierran solos, mañana será otro día, igual que hoy, igual que ayer, igual que antes de ayer…</p>
<p style="text-align: center;"><img src="http://www.letras-peregrinas.com/wp-content/uploads/2007/11/rutina.jpg" alt="rutina" /></p>
<p><em> © Agatha. (20 de Octubre de 2006)</em></p>
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		<title>Palabras II &#8211; Magia</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Nov 2007 09:12:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agatha</dc:creator>
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		<category><![CDATA[colores]]></category>
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		<description><![CDATA[Magia: Hace un par de semanas fui hasta el parque. Es un parque precioso, verde, fresco, plagado de pequeñas flores y de aves que acompañan con su canto. El verdor y la frescura de ese lugar se debe a que un río de aguas cristalinas baña la tierra y la limpia de las inclemencias del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="postbody"><strong><em>Magia:</em> </strong></span></p>
<p>Hace un par de semanas fui hasta el parque. Es un parque precioso, verde, fresco, plagado de pequeñas flores y de aves que acompañan con su canto. El verdor y la frescura de ese lugar se debe a que un río de aguas cristalinas baña la tierra y la limpia de las inclemencias del hombre, que se empeña en moldearlo todo a su antojo, sin pararse a pensar en el equilibrio del mundo y de los seres que en él habitan..</p>
<p>Cuando me dirigía al parque dejé atrás las aceras de concreto y las calles mecánicamente rectas y, poco a poco, dejándome llevar por mis pies, me acerqué al suave serpenteo del agua que acariciaba las rocas, los árboles y la tierra que la acunaba. Entonces mi cuerpo dejó de ser sólo mío y pasó a ser una pequeña parte de ese entorno perfecto que me rodeaba y me invitaba a relajarme.</p>
<p>Mientras caminaba, mi cuerpo dejaba su grisaceo color atrás, junto a la selva de concreto de donde venía, la selva repleta de grises mates y brillantes, claros y oscuros, fríos y cálidos, pero todos ellos grises tristes y separados unos de otros, como las personas, que lentamente y sin percibirlo, se contagian de esa tristeza, se vuelven opacos y se aislan de todos en sus pequeños mundos de concreto. Entonces olvidan que forman parte de un mundo mucho más grande que está lleno de colores, donde el gris deja de ser triste porque no está sólo. Olvidan que fuera de sus cuadrados entornos hay algo más que otras paredes.</p>
<p><span id="more-42"></span></p>
<p>Por un tiempo yo casi olvidé los colores y me fui volviendo opaca, desde mi ropa hasta mis ojos, el brillo fue disminuyendo y mis colores perdieron lentamente su saturación, transformándome en una apagada escala de grises, fríos o cálidos, según la ocasión. Algunas noches fui solo un escueto alto contraste, pero la claridad del día me devolvía mi gradación de grises habitual. Fui una más del montón hasta que llegué a esta pequeña ciudad y descubrí el parque, al que ahora voy con frecuencia, cada vez que noto que mi cuerpo se torna grisaceo.</p>
<p>Así me ocurrió hace dos semanas. Vi mi piel y la noté apagada, me vi al espejo y mis ojos tenían esa expresión de costumbre y rutina que me abruma y mi boca comenzaba a desdibujar mi sonrisa y a plasmar una mueca indescifrable, entre el hastío y el aburrimiento. Todo mi ser se dibujaba entre lineas rectas y dramáticamente sosas. Así que mi mente, que aún conservaba algo de color, me puso alerta y envió a mis extremidades la orden de ponerse en marcha en dirección al parque.</p>
<p>Cuando llegué y mis pies tocaron el verde pasto se detuvo mi decoloración. A medida que caminaba, respiraba el aroma tan particular del río y la tierra húmeda, que se mezclaba con el aroma de las flores que abrían sus pétalos para impregnarse del calor del sol. Como ellas, yo abrí mis cinco sentidos, para recibir las bondades de tan hermoso lugar.</p>
<p>Mis oidos percibían el sonido del agua a su paso, el cantar de las aves, el crujido de la tierra bajo mis pies, el susurro del viento que mecía las ramas de los árboles y el chapoteo de los patos que se refrescaban en el río.</p>
<p>Mis labios saborearon las pequeñas frutillas que se escondían en el bosque y se refrescaron con el agua que brotaba entre las piedras, pura y cristalina.</p>
<p>Mi olfato se dejó seducir por el olor a campo y a pesca fresca que emanaba del río, por el perfume de las florecillas y las frutas y por el olor a tierra fresca y fértil que viajaba con el viento.</p>
<p>Mi piel se erizaba con el paso de la brisa y se dejaba acariciar por la frescura del agua y la calidez del sol, que lo observaba todo desde lejos.</p>
<p>Mis ojos se maravillaban con el festín de formas y colores que frente a mí se dibujaban. Se detenían con cada detalle, en el azul bañado de manchas blancas del cielo, en el verde azulado del agua, que dibujaba una linea serpenteante a lo largo del recorrido, en el marrón granulado de la tierra que se mezclaba con las lineas finas y verdes del pasto y con las motas de pequeños puntos blancos que rodean los círculos amarillos de igual tamaño, formando esas flores castigadas por los enamorados. También me detuve a observar las perfectas proporciones de los árboles que se erguían ante mí, árboles que se acompañaban y acariciaban rozando sus finas ramas, mientras sus hojas danzaban con el leve soplo del viento.</p>
<p>Ante tan apacible espectáculo mi cuerpo se relajó y se impregnó del color que a su alrededor hacía que todo rebosara de vida. Mi ropa se bañó del azul del cielo y del amarillo de las flores, mi piel se coloreó del marrón claro de la arena que se agrupaba en las orillas del río, mi boca se pintó con el color de las rosas y los tulipanes, mi cabello se enlazó con la brisa y ella le ofrendó pinceladas de madera joven, mis ojos se tiñeron del verde profundo que se desplegaba en la mayor parte del paisaje. Entonces, recostada en la hierba, fui parte de ese todo y dejé de setirme sóla. Todo mi ser percibía esa sensación indescriptible que se experimenta cuando te sientes amado y allí, acurrucada en ese entorno lleno de paz, me sentí llena de color por dentro. En mi interior brillaban, aún con mayor intensidad, los colores. Entonces sonreí.</p>
<p>Pero inevitablemente mi visita llegaba a su fín y debía regresar a la selva de concreto, asi que tomé una bocanada de aire puro y emprendí mi regreso. Ahora ya no era gris, estaba llena de color. A mi paso la gente me observaba extrañada, no me reconicían cuando me miraban porque era distinta de ellos, ya todos habían olvidado qué es el color. Pero yo no me entristecía porque en el parque había recordado que, aunque los demás lo olvidaran, todos formamos parte de un todo, y, por eso, no estamos solos.</p>
<p>Hoy, despues de dos semanas, comienzo a notar mis dedos opacos, así que me despido de vosotros. Con su permiso (o sin él) me retiro, voy a llenarme de color al parque.</p>
<p style="text-align: center;"><img src="http://www.letras-peregrinas.com/wp-content/uploads/2007/11/colores.jpg" alt="Colores" /></p>
<p><em>© Agatha. (2007)<br />
</em></p>
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		<title>Palabras I &#8211; Locura</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Aug 2007 08:37:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agatha</dc:creator>
				<category><![CDATA[Palabras]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Locura: Ella observa sentada en la rama de un árbol. Mira a la gente que pasa bajo sus pies presa de una profunda curiosidad. Día tras día pasa horas allí observando, preguntándose a dónde irán todas esas personas, por qué llevarán tanta prisa, qué irán a hacer, quién las estará esperando. Aún nadie nota su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Locura:</em></strong></p>
<p>Ella observa sentada en la rama de un árbol. Mira a la gente que pasa bajo sus pies presa de una profunda curiosidad. Día tras día pasa horas allí observando, preguntándose a d<em>ó</em>nde irán todas esas personas, por qué llevarán tanta prisa, qué irán a hacer, quién las estará esperando. Aún nadie nota su presencia y ella los ve a todos. Se pregunta entonces si acaso existe, o si sólo existirá cuando alguien alce la mirada y la encuentre.</p>
<p>De pronto siente una profunda tristeza, pues piensa que tal vez no existe. No forma parte de nadie, no va a ningún lugar, nadie la espera, nadie la extraña, nadie la necesita, nadie la conoce… nadie.</p>
<p>Entonces piensa que si tuviera una misión, una tarea pendiente, un lugar que visitar o algo que hacer, existiría, pues entonces sólo ella podría ocupar ese lugar o realizar esa tarea que le corresponde. Pero un escalofrío la recorre al darse cuenta de que no tiene nada que hacer, no hay nada que visitar, nada le ha sido encomendado… nada.</p>
<p>Es por esa razón que está en la rama del árbol viendo a la gente pasar, porque no es nadie y no tiene nada que hacer. Nada, nadie, son palabras que la persiguen y la hacen concluir que definitivamente ella no existe, que es un ente etéreo, que puede verlo todo pero no puede ser vista. Nadie la ve, nada es para ella. Pero a ella no le gusta eso, quiere existir, lo desea por encima de todo.</p>
<p><span id="more-13"></span></p>
<p>Sentada en su fría rama y con la vista fija en sus pies descalzos se pregunta qué debe hacer para existir, para dejar de ser etérea. Tras discurrir un rato y analizar la situación observa que la gente está muy lejos y piensa que, tal vez, si se acercara más a ellos, alguien podría verla. Si alguien la viera entonces dejaría de ser etérea. Es por ello que decide que la forma más sencilla de existir es bajar del árbol y acercarse a la gente.</p>
<p>Así lo hace. Ella separa sus manos de la rama al tiempo que se impulsa hacia el frente. Mientras se acerca al piso sonríe, se aproxima a la gente. Siente que se acerca rápidamente al lugar donde tiene la posibilidad de cumplir su deseo.</p>
<p>Dolor. Un intenso y punzante dolor se apodera de ella, cada parte de su cuerpo se queja y ella se pregunta si eso forma parte del comienzo de su existencia, se pregunta si así se siente el nacer, en su interior cree en eso. Está naciendo.</p>
<p>El dolor empieza a remitir y ella intenta abrir los ojos, pero de pronto se siente muy cansada, sus ojos permanecen cerrados, sin embargo sus oídos perciben ruido, gente. La gente hace más ruido del que ella creía, le parece escuchar unos gritos y unas voces que parecen decir una palabra… le cuesta entender lo que oye, apenas distingue los sonidos entre los gritos. Se concentra en una voz cercana. ¡Una ambulancia! Eso es lo que repite la voz que está más cerca de sus oídos.</p>
<p>Pero ella no se conforma con oír, quiere ver lo que pasa, confirmar que ha nacido al fin, que ya no es etérea. Hace un esfuerzo por abrir los ojos. Su cuerpo es más pesado que cuando se encontraba en su rama y podía hacer bailar sus pies o mover su cabeza o sus manos sin problema. Ahora parece que un imán le impide moverse. Ella comprende al fin lo que le sucede, se da cuenta de que su cuerpo tiene un nuevo peso, que sus movimientos son torpes porque no está acostumbrada a él, que solo necesita un poco de concentración y de tiempo para aprender a moverse nuevamente. Se concentra y después de varios intentos logra abrir un poco sus ojos. Hay algo borroso frente a ella, muy cerca de su rostro. Intenta enfocar y se sorprende al descubrir que a unos centímetros está otro rostro, que hay unos ojos mirándola y una boca hablándole. Ella se emociona, alguien la ve, ya no es etérea. Ha nacido, existe. Su rostro dibuja una mueca y mientras sus ojos se cierran, ella sonríe. Oscuridad. Frío. Silencio.</p>
<p><em>Al día siguiente todos en la ciudad hablaban de ella, de la chica que se tiró del balcón de un tercer piso, de cómo la ambulancia legó tarde, de cómo aquél buen hombre intentó ayudarla pero no pudo hacer nada… Lo que la gente no sabe es que aquel buen hombre hizo más que ninguno por ella, que la hizo existir, que dejó de ser etérea gracias a que el la vio. Sólo en ese momento, ella fue feliz.</em></p>
<p><a href="http://www.letras-peregrinas.com/13/palabras-i/tormento-y-paz-2/"title="locura" rel="attachment wp-att-38"  ></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.letras-peregrinas.com/13/palabras-i/tormento-y-paz-2/"title="locura" rel="attachment wp-att-38"  ><img src="http://letrasperegrinas.wordpress.com/files/2007/08/golden-city.jpg" border="0" alt="locura" /></a></p>
<p><em>Agatha (01/04/2006)</em></p>
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